“El tono de voz de Sylvestre, de Duggan y de García me agota”

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No puedo creer que acepté este trabajo. Ya de entrada tengo poca paciencia con la tele. ¿Y tengo que mirar C5N? A lo mejor, como un Alonso Quijano de la grieta, de tanto mirar a Duggan, a Sylvestre o a Cynthia García me hago kirchnerista y escribo una nota que denuncie a Seúl como órgano de los poderes fácticos y la embajada de Estados Unidos. Después, más sobrio, me digo que caricaturizar al kirchnerismo nos hace caer en discursos tilingos: “Son todos fascistas, son todos vagos, mentes fanatizadas que odian al que piensa distinto”. Repetir estas cosas no le sirve a nadie. Hay que entender cómo piensa tu adversario para poder, llegado el momento, oponerle un discurso superador, que pueda interpelar a la parte no militante de su electorado. De eso se trata esta experiencia, entonces. Levemente ebrio de este sentimiento de sacrificio por el bien común, vuelvo a poner el sonido.

Casi enseguida me arrepiento. “Infodemia”, anuncia el tema Gustavo Sylvestre, y se felicita: “¡Programón!” Igual que Walt Whitman, se celebra y se canta a sí mismo. “La palabra del Presidente –entona Sylvestre– está clarificando muchos aspectos de esta Argentina”. Trato de pasar por alto ese tonito lambiscón hacia el jefe, tan frecuente de aquel lado de la grieta, y pienso, tratando de empatizar, que en esta weltanschauung el pueblo, oprimido por los poderosos, espera a un campeón; pienso que el Libro de Isaías, en el Antiguo Testamento, ilustra esa misma identificación con los humillados y esa esperanza en la llegada de un Mesías: “Y Él enarbolará el estandarte de las naciones, y reunirá a los desposeídos” (Isaías, 11:12). ¿Qué puede ofrecer Juntos por el Cambio a personas que sienten la política como redención? Sylvestre me hace difícil seguir este hilo de ideas. Grita como si no tuviera micrófono, como si tuviera que hacerse oír en una plaza: “¡Ahora, sí, se destapa todo! –exclama– ¡Es la campaña contra la salud de Juntos por el Odio!” Según Sylvestre, la oposición organizó una “campaña antivacunas”. Se refiere, supongo, a los reclamos porque la vacuna Sputnik V llegó al país sin haber pasado todas la fases de pruebas.

El escándalo por los vacunatorios VIP, que le costó el ministerio a Ginés González García, sigue en el aire, y al kirchnerismo se lo nota ansioso por matarle ese punto a la oposición. Ahora, con las imágenes de colas de viejos al sol esperando vacunarse en el Luna Park, debido a errores de organización de Larreta, creen encontrar la ocasión. “Crece el malestar de los porteños”, dice el zócalo. Sylvestre exulta: “¡Y se les da vuelta la taba! Los mismos que ayer denunciaban, manchaban movilizaciones… Al ministro de salud de Corrientes le encontraron ¡900 dosis en el auto! ¡Pedían explicaciones sobre Formosa, por una cuestión meramente política! Y mientras la provincia de Buenos Aires bate récords, la capital ¡no tiene plan de vacunación! El Gobierno de la Ciudad dio cupos de la vacuna a ¡hospitales privados! ¡Y se las da vuelta la taba!”

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